Lo que dejamos atrás y lo que elegimos para un nuevo año con bienestar
El final de un año suele invitarnos, casi sin darnos cuenta, a hacer una pausa. A mirar hacia atrás, a repasar lo vivido y a preguntarnos cómo estamos realmente.
No siempre es un balance fácil. Hay años que traen logros y alegrías, y otros que dejan cansancio, frustraciones o situaciones que no salieron como esperábamos. Pero cerrar un año no se trata de juzgarnos, sino de comprendernos.
Tomarnos un momento para reflexionar es una forma de cuidado. Nos permite reconocer lo que nos hizo bien, identificar lo que nos desgastó y empezar a elegir con más conciencia cómo queremos transitar lo que viene.
Dejar atrás no es olvidar
Dejar atrás no significa borrar lo vivido ni minimizarlo. Significa soltar aquello que ya no nos acompaña, lo que nos pesa o nos limita.
Puede ser una exigencia constante, una preocupación que se volvió excesiva, una culpa que arrastramos sin sentido o un hábito que dejó de aportarnos bienestar.
A veces también implica aceptar que hicimos lo mejor que pudimos con las herramientas que teníamos en ese momento.
Soltar no es rendirse. Es hacer espacio.
Elegir cómo queremos empezar
El inicio de un nuevo año suele venir cargado de expectativas, metas y promesas. Sin embargo, el bienestar no siempre nace de grandes cambios, sino de elecciones simples y posibles:
- Elegir descansar un poco más.
- Elegir escucharnos.
- Elegir vínculos que sumen.
- Elegir hábitos que cuiden el cuerpo y la mente.
No se trata de hacer todo perfecto, sino de empezar con intención y realismo.
Respetar nuestros tiempos, aceptar nuestros límites y avanzar paso a paso puede ser una forma mucho más saludable de crecer.
El bienestar como camino, no como exigencia
Vivimos en una época que muchas veces nos empuja a estar siempre bien, siempre productivos, siempre disponibles. Pero el bienestar no es una meta que se alcanza de una vez y para siempre:
- Es un proceso.
- Es aprender a registrarnos.
- Es saber cuándo avanzar y cuándo frenar.
Cuidar la salud física y emocional implica reconocer que somos personas, no máquinas. Que necesitamos descanso, afecto, contención y espacios de calma para sostenernos en el tiempo.
Un cierre para mirar hacia adelante
Cerrar un año no siempre es fácil. Implica reconocer lo vivido, aceptar lo que fue y animarse a soltar aquello que ya cumplió su ciclo.
También implica comprender que no todo depende de nosotros, y que hacer lo mejor posible, muchas veces, ya es suficiente.
Empezar un nuevo año con bienestar no significa tener todas las respuestas, sino darnos permiso para escucharnos más, cuidarnos mejor y transitar el tiempo con mayor conciencia.
Elegir con calma, respetar nuestros propios ritmos y priorizar lo esencial puede ser una forma profunda de crecimiento.
En AMCA creemos que el bienestar no se impone ni se exige: se acompaña. Y que cada persona, a su manera y a su tiempo, puede construir un camino más amable consigo misma y con los demás.
Que el 2026 nos encuentre con más presencia, más humanidad y más conexión con lo que verdaderamente nos importa.
Eduardo Paiolo
Presidente



